martes, 20 de julio de 2010

Una historia natural

He olvidado su nombre, pero este personaje parece sacado de las historias de Jack London. La historia de este individuo la vi hace poco en un canal del cable, durante una de esas tardes sabatinas en las que uno suele estar medio dormido frente al televisor. Sin embargo, la historia me resultó de enorme interés, lo cual hizo que se disipara mi habitual modorra de esa parte de la tarde que en mi país llaman “la hora del burro”. Desde muy joven este individuo dio muestras de que no quería ser un segundón, y se la pasaba observando al líder local, mientras acariciaba el sueño de enfrentársele y quedarse con todo.



Nuestro héroe pasó muchas horas perfeccionando su cuerpo (¿y su espíritu quizás?) para poder librar la batalla que lo coronaria como el más fuerte, el que predomina sobre los demás y, como guinda del pastel, consigue el favor de las hembras. Un poco de trote, natación y entrenamiento en el uso de un par de armas punzo-penetrantes eran parte de su rutina diaria.



Un día, el personaje resuelve hacer un viaje en busca de experiencia y quizás de alguno que otro éxito. Atraviesa una zona inhóspita y padece de hambre y de sed. Finalmente llega a otra comarca en donde lanza un reto al líder local, al cual derrota sin dificultad, quedándose con su guarida y con cuatro hermosas jovencitas. Allí estuvo enseñoreándose por un tiempo, hasta que una severa crisis lo dejó en la ruina. Las chicas lo abandonaron y el tuvo que regresar a su lugar de origen.

Con la confianza de haber sido el amo y señor de una localidad, desafía al líder de su comarca. La batalla es sangrienta, y ambos resultan malheridos a las primeras de cambio. El jefe local huye hasta la orilla de un rio y nuestro héroe lo persigue. Pero era una trampa, ya que en ese terreno, el jefe tiene la ventaja. Un par de puñaladas son suficientes para que nuestro amigo quede tendido en el fango “huérfano, desnudo, herido,…sangrando”, como diría una canción de Silvio Rodríguez, hasta que finalmente murió.



Esta historia no es de una película de gánsters, como por ejemplo “Carlitos Way”, ni está ambientada en una barriada latinoamericana, como la “Ciudad de Dios”. Es la historia de un hipopótamo del África meridional. Pienso que hay algo de honorable en lo que le sucedió a nuestro hermano hipopótamo, porque vivió consistentemente y arriesgó su vida para lograr sus metas. El problema es que sus metas son las que naturalmente tiene un animal salvaje, y no deben ser ideales propios de una especia autoproclamada como superior.



Sin embargo, historias similares ocurren todos los días en mi país. En la ciudad donde vivo, Caracas, ocurrieron 2.500 muertes violentas en los primeros seis meses de este año, una buena parte en luchas por el control de una zona por bandas de delincuentes. Tuve la ocasión de vivir mis primeros diez años de vida en una de estas barriadas pobres, y algunos de mis amigos tenían ideales similares a los del héroe de la historia: predominio sobre otros y bienes materiales a ser obtenidos por la vía violenta.

A veces me pregunto, cuando me invade el pesimismo, si la cultura no es más que un barniz que a duras penas recubre nuestra animalidad, y que quizás el destino de la especie humana sea como dice Nietzsche en su fabula: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la Historia Universal: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer.”

Nuestro héroe africano murió, pero dejó a un descendiente, que quizás sueñe con ser el Jefe. En mi caso, simplemente aspiro que mis hijas sean compasivas, creativas e inteligentes, en ese orden de preferencia.

sábado, 17 de julio de 2010

NUEVA LUNA

La LUNA, luna, la luna lunera



FOBOS, una de las dos lunitas de Marte



DEIMOS, la otra de Marte


GANÍMEDES, la luna mayor de Júpiter


CALISTO, la segunda de Júpiter


EUROPA, otra de las grandes lunas de Júpiter


ÍO, otra bellísima luna de Júpiter


... y otras 54 lunas de Júpiter.





TITÁN, siempre rondando los anillos de Saturno


... y otras 61 lunas de Saturno...


ARIEL, la luna grandota de Urano


... y las otras 12 lunas de Urano...


... Y AHORA NOS VIENEN MARTINA Y ARES CON OTRA LUNITA NUEVA ...

¡¡¡ ENHORABUENA !!!

Feliz sábado, sabadete... se me comporten

Saturnino

sábado, 10 de julio de 2010

CASTELLANO

Siempre he sido un inutil manifiesto para el castellano. Tampoco es que me desasosiegue lo más mínimo, lo tengo perfectamente asumido y sólo me cabe esperar a que todo el mundo aprenda castellano.
Desde estas miras tan cortas siempre me ha parecido el español un idioma facilísimo (casi casi se escribe como se lee) e imposible el inglés, el alemán, el ruso y no hablemos del chino.

Hace unos días me llegó por email un texto (supuestamente de Pérez Reverte) que deja el chino como juego de niños comparado con lo imposible del castellano.

El texto se centra en las acepciones de la palabra "cojones".



Un ejemplo de la riqueza del lenguaje castellano es el número y acepciones de una simple palabra, como puede ser la muy conocida y frecuentemente utilizada referencia a los atributos masculinos, "cojones".

Si va acompañada de un numeral, tiene significados distintos según el número utilizado.
Así, "uno" significa "caro o costoso" (valía un cojón),
"dos" significa "valentía" (tiene dos cojones),
"tres" significa "desprecio" (me importa tres cojones),
un número muy grande más "par" significa dificultad" (lograrlo me costó mil pares de cojones).



El verbo cambia el significado.
"Tener" indica "valentía" (aquella persona tiene cojones),
aunque con signos exclamativos puede significar "sorpresa" (¡tiene cojones!);
"poner" expresa un reto, especialmente si se pone en algunos lugares (puso los cojones encima de la mesa).

 También se los utiliza para apostar (me corto los cojones),
o para amenazar (te corto los cojones).

El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase.
Así, el presente indica "molestia o hastio" (me toca los cojones),
el reflexivo significa "vagancia" (se tocaba los cojones),
pero el imperativo significa "sorpresa" (tócate los cojones!).



Los prefijos y sufijos modulan su significado:
"a-" expresa "miedo" (acojonado),
"des-"significa cansancio" (descojonado),
"-udo" indica "perfección" (cojonudo),
y "-azo" se refiere a la "indolencia o abulia" (cojonazo).

Las preposiciones matizan la expresión.
"De" significa "éxito" (me salió de cojones),
o "cantidad" (hacía un frío de cojones),
"por" expresa "voluntariedad" (lo haré por cojones),
"hasta" expresa "límite de aguante" (estoy hasta los cojones),
"con" indica "valor" (era un hombre con cojones)
y "sin", "cobardía" (era un hombre sin cojones).

Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño.
El color V, violeta expresa "frio" (se me quedaron los cojones morados),
la forma, "cansancio" (tenía los cojones cuadrados),
pero el desgaste implica "experiencia" (tenía los cojones pelados de tanto repetirlo).

Es importante el tamaño y la posición (tiene dos cojones grandes y bien plantados);
sin embargo hay un tamaño máximo (tiene los cojones como los del caballo de Espartero) que no puede superarse,
porque entonces indica "torpeza o vagancia" (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos).

La interjección "¡cojones!" significa "sorpresa",
y cuando uno se halla perplejo los solicita (manda cojones!).
En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen las órdenes (me sale de los cojones).
En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas, con mayor número de acepciones.
Salut collons!!!


Ser profe de español para extranjeros: misión imposible.

Feliz sábado, sabadete... se me comporten
Saturnino