sábado, 30 de junio de 2012

TAXIDERMIA AL LÍMITE (o el museo de los horrores)

Para alguna gente la taxidermia (el disecar animales) es en sí una muestra de mal gusto, no dejan de ser bichos muertos expuestos.
Para otros es una maravillosa artesanía y no hay mejor decoración que una cabeza de una pieza de caza ganada.




Donde no queda rincón para la polémica es en la exhibición de seres humanos disecados.

Y es que el afán de los naturalistas del siglo XIX les llevaba a traerse a sus casas y museos muestras de todo tipo de animales encontrados en sus expediciones, especies exóticos para los europeos. Igual pasaba con todo tipo de objetos y muestras de viajes etnológicos. Es la era dorado del coleccionismo.
Ahí tenemos al ejemplar de especie que nos quedaba: el ser humano.

Hace poco más de 10 años estuvo en plena polémica el negro de Banyolas. Un cazador africano disecado expuesto en un pequeño museo local saltó a los periódicos internacionales gracias a un periodista haitiano. Al final, más de 100 años después, el negro de Banyolas fue sepustado en Botswana.



Un par de años después fue devuelta a Sudáfrica la conocida como Venus de Hotentote, que fue exhibida en Francia por su llamativos atributos: exhibida en vida y exhibida en muerte.

 

Este mismo año Francia devolvió a Nueva Zelanda 19 cabezas de maoríes momificadas, muestrario de los tatuajes de esa gente.



Si nos vamos al troceado a saber cuántas cabezas de jíbaros puede haber repartidas en colecciones particulares y museos. 

 


Se podría decir (y seguro que con mucha razón), que todo ello proviene de una enfermiza visión eurocéntrica, racista y colonialista. Se podría decir que sería imposible encontrarse el caso de un europeo disecado para la exhibición en un museo.
Pues no. En una colección privada de un aristócrata francés existe el cuerpo disecado de un albañil español que completaba su amplia colección de buen naturalista. Se encuentra en el museo D'Allard.
(No sé si estó rompe la visión racista y colonialista que señalaba antes, o no es más que otra muestra de aquello de "Europa empieza en los Pirineos").







En el Museo Nacional de Antropología de Madrid se exhibe el vaciado y el esqueleto del gigante de Extremadura (Agustín Luengo Capilla) el hombre más alto de España. El mismo vendió su cuerpo al museo por 3000 pesetas.






En un museo escolar de un colegio de la provincia de Córdoba me encontré con el esqueleto del portero del colegio. Persona dedicada en cuerpo y alma toda su vida al colegio que decidió seguir haciéndolo también toda su muerte. (En la foto, el portero es el de la izquierda ¿vale?).



Entrada aparte necesita la exposición de los restos más o menos conservados de los relicarios.

Por cierto conozco el caso de una monja que fue disecada, pero mejor no hablar mucho de ello.

Feliz sábado, sabadete... se me comporten.
Saturnino






4 comentarios:

Elbert Valentin dijo...

Definitivamente, la muerte es algo que siempre fascinará al hombre, y la taxidermia parece ser un excelente medio para mostrarnos esa etapa de la vida que ya no es vida...

Saludos, ya tenía rato que no pasaba por aqui ^^

Peace&Love

Lusika dijo...

Jolin... ¡que yuyu!
¿Te han sentado bien los claustros, las notas y el final de curso? ¿No estarás intentando decirnos algo con esta entrada entre líneas, ¿no?... :p

Solecito Ver dijo...

Hola,

Saludos querido maestro, tan interesante el blog, como siempre.

Abrazo desde México.

Júpiter dijo...

Te vas aun museo? o nos presentas una crítica sin un mensaje oculto?

Gracias por la aclaración de quién era el portero, estaba segura que era el otro personaje y el esqueleto no era más que un adorno!

Miles de cariños,
desde el fin del mundo

Zel